La vida en pliegues (libros recibidos) ~ 2007

 

Oráculo para dones fatuos,
de Osvaldo Ballina (ed. Al Margen)

“otros árboles crecen bajo otros cielos/ otras piedras cambian a otros sitios/ otras fiebres arden en otros cuerpos/ y cuerno de caza, treta del demonio,/ el mismo rayo en la cavidad de lo real”.


Campo santo,
de Juan Bristilo Cañón (Libros del Coirón)

IV: “Un niño carga un cántaro con agua/ Le pesa/ Se tambalea/ El agua se arremolina/ Es una gran catástrofe en la isla/ El agua se recoge y desparrama/ Es un tusunami/ El niño se moja/ Se ahoga en un grito de sorpresa/ Su mirada se levanta/ El adulto es ceñudo/ tampoco sabe nadar pero no lo dice/ Empecinadamente solo se limita a pensar/ Qué pasará con este niño que no hace nada bien”.


Morir lo imprescindible,
de Ester de Izaguirre (Vinciguerra)

Pretexto: “Soy una mujer/ que se dio en poemas/ para citarnos en ellos/ como en una playa/ secreta/ y lejana.


El trabajo de las horas,
de Pablo Anadón (del Copista)

Sobremesa: “La botella de vino, verde musgo,/ la cresta roja del sifón de soda,/ el plato azul sobre la mesa blanca,/ las gotas de borgoña bordó en la transparencia/ del vaso, el cielo de la siesta/ con su nube, su sol y un benteveo/ aquí en el patio de la casa, la hija/ menor que juega a ser mujer y canta”.


Sonetos y elegías,
de Louise Labé (traducción de Claudia Schvartz, ed Leviatán)

Soneto V: “Clara Venus que vagas por los Cielos,/ Escucha mi voz que a pleno cantará,/ Mientras tu rostro brille en el cielo,/ Su largo trabajo y penosa preocupación./
Mis ojos atento se enternecerá mucho más,/ Y más lágrimas al verte he de vertir,/ Más mi blando lecho con lágrimas ha de mojar,/ Al ver a tus ojos testigos de sus penas/.
Pues humanos son los fatigados espíritus/ del suave descanso y del sueño enamorados./ Soporto el dolor mientras brilla el Sol,/
Y cuando estoy casi del todo quebrada, /Y me acuesto cansada en mi lecho,/ Necesito llorar mi mal toda la noche.


De la selva quejumbrosa, estremecida,
de Silvia Vainberg (L’arbre a Paroles)

I: “Cierta penumbra arrasó el pasaje/ de la mirada ciega que gira/ en su oratorio de blancura./ ¿Cómo será ir detrás de sí,/ al descubierto,/ jugando al diapasón de la muerte?/ Un riesgo es avanzar desmontando/ el recuerdo de la luz maltratada./ En el desvelo de sus propios ojos/ susurra la menta sonámbula/ multiplicando el relato universal”.


Deconstrucción de la mañana,
de Juano Villafañe (Atuel)

Perdida por la lluvia: “Veo tu rostro/ sobre el agua de la calle de la lluvia/ en los verdes que llevan tu cuerpo/ vestido en una blusa./ Te debes bañar y mirar la calle/ la avenida donde arrastrabas las flores en la noche/ en la enorme y fabulosa calle de la lluvia/ que vuelve a sí misma como el agua de la lluvia/ y abres un sueño, un corredor/ por las paredes de la lluvia/ y en todas las flores de la lluvia/ que cae sobre los infinitos paraguas de la lluvia/ antes que el aire y el sol/ den a tu cuerpo/ con ese agua de lluvia/ con ese frío del cuerpo perdido por la lluvia”.


Museo de varias artes,
de Juan Carlos Moisés (El Camarote)

“El árbol es esquivo/ y el zigzag es el movimiento común/ de quien sólo se anima a vivir el día./ Pero el zigzag es ininterrumpido;/ el zig, el zag, la liebre y el perro detrás:/ imposible anticipar un dibujo/ o una moral para el ciruelo.


Pasajera en tránsito,
de Cristina Piña (del Copista)

Porfías: “Ha dejado/ -sin darse cuenta-/ la luz del living/ encendida:
memoria de la carne que/ más allá de toda sensatez,/ sigue esperando,/ al alba,/ la vuelta atropellada/ de los hijos”.


Áspero cielo,
de Jorge Isaías (Ciudad Gótica)

XXVII: “De todo hacia nada/ seguiremos/ narrando/ un dolor/ cuasi tímido/ un camello/ un sintagma ligero/ una gaviota/ tachonada en el cielo”


Larvario,
de Miguel Espejo (Colohue)

Buda: “Los cuatro dolores de la vida/ son, en realidad, un solo dolor:/ la vida.


La frontera de la lengua. Antología de poesía de Quebec contemporánea (introducción y traducción de Sara Cohen (Biblos)

Hélèn Dorion (1958): “Tal vez no tenga más que el deseo/ de vivir el universo entero/ a través de vos no tenga más que una historia/ caminar del desastre al comienzo.
La tierra gira y la vida/ sabe/ que queda ahí/ en el cuarto vacío”.


Anatomía rota,
de Cynthia Sabat (I Rojos)

Saltos para perder la inocencia V: Tríptico de las tentaciones de San Antonio
“donde las criaturas/ cantan el color de caerse de sí/ en pleno vuelo
una mancha da lugar a la forma/una noche a las mareas al grito
un caleidoscopio/ y su precario teatro/ esa ilusión desvestida/donde el miedo el amor y la cruz/ son las huellas del mismo animal”.


Tierra caliente,
de Daniel Ramón Rios (Ed. Catálogos)

“Oh Viento norte/ Resignación y paciencia del criollo solitario/ Tiento de los potros tensados al sol/ Filo a contracuero de sudorosas carneadas/ Olfato herido del mariscador/ Ladridos lejanos de perros garroneros”.


La zona primitiva,
de Tomás Aiellio (del Copista)
Detrás del monte oscuro: “Detrás del monte oscuro está nevando./ Las ramas crujen bajo el peso blanco./ Atreverse a cruzar es soledad./ La línea que separa lo visible/ nos obliga a volver a nuestra casa/ con las manos vacías y la boca/ sin recuerdos. Es poca la distancia/ del pan sobre la mesa en las tinieblas./ La flecha ya desvía su sentido./ Un paso más, la zona primitiva”.


Amada dulce,
de Oswaldo Roses (Lord Byron Ediciones)

IV: “Dime el silencio/ como destello en lo íntimo;/ amable, y así/ levanta tantos rocíos/al ti, ¡oh! vivir.


Libro de huéspedes,
de Ricardo Rey Beckford (Alción)

La luz que decide:“ Más allá/ de la imprecisa cifra/ que gobierna el corazón del hombre/
en la hoja/ en la nervadura de la piel de la hoja/ en su áspero roce/ en el aire intocado/
en la luz que decide/ la sosegada/ belleza/ de los días/
nace/ el canto/
más allá/ del corazón humano”.


Estación/Tierra/Nada,
de Andrés Cursaro (Ed. en Danza)

“El viento/ es esta música/ que frena/ la llegada/ del olvido”.


Cantor secreto,
de Jorge Luis López Aguilar (Último Reino)

A Rita: “Yo me sigo escondiendo debajo de tus uñas/ cuando Afuera duele o Miedo ruge enfurecido/ cuando Angustia muerde/ o Soledad es demasiado brava.
Yo me sigo escondiendo en los refugios/que ofrecen tus dedos blancos/ cuando tanto ruido, cuando el aire/ poblado de terror quema”.
Yo me sigo escondiendo/ en las cavernas de tu rabia y tu presencia”.


El amor Lo sagrado El arte,
de Liliana Maresca (Leviatán)

“Tirando manteca al techo/ ¡Quiero más manteca!/ Esculpir un león/ en manteca/ que derrita el sol”.


La vida que se vive,
de Esteban Nicotra (Brujas)

Tarde: “Testimonio mudo/ de la tarde que se desvanece/ como esa niebla de azúcar/ sobre los montes verdes./ El arroyo con su voz constante,/ inadvertida, indescifrable/ su dolor tan claro”.


Detrás del bosque,
de Esteban Iacomelli (del Boulevard)

LIII: “Reflejo tantas veces visto/el cuarto no es el mismo/ el reflejo ha cambiado/ la forma de reflejarlo también.
La realidad asusta al habitante/ escapa, embiste la puerta, escapa/ el infinito lo espera”.


La tumba de los viajes,
de Javier Foguet (del Copista)

Si estuvieras en viaje: “Si estuvieras en viaje/ habría bastado que te dijeras:/ me ha golpeado el frío/ o es tarde/ o todo está lejos como las luces del pueblo/ sobre un cerro más morado que la noche?/ En realidad estás volviendo a casa/ sólo que esa helada/ y ese cielo/ y esos árboles...”


Ruego por el tornado,
de Osvaldo Bossi (Sigamos enamoradas)

Habla Telémaco (fragmento): “A veces me digo que su mano/ apta para los prodigios, atravesó/ la distancia que unía mi cuerpo al suyo/ y que no fue un oráculo sino/ la forma de su mano cayendo/ lo que advirtió al héroe, y entre ese breve/ contacto y levar anclas/ no medio más/ que una noche, la fracción de esa única/ noche, un parpadeo”.


Verso,
de Miguel Naranjo Ríos (Ed. Tacitas)

Maldiciente: “Inefable es la sapiencia/ y en libre plática atroz/ mi incomunicada voz/ será muda analfabeta,/ cuando a letras me someta/ surgirá contradicción,/ la malhablada versión/ o apócrifa prosa y verso/ que me torna en el perverso/ quien maldice su opinión”.


Fantasmas,
de Mario Kon (Ed. del Gajo)

X: “Irreverentes fisgones/ seducen temidas asechanzas/ blanco disfraz tras espejos astillados./
Perseguidos por hogueras embrujadas/ en caótico éxodo/ musitan letanías voraces./
Abrasadas sus pupilas fosforecentes/ y fuego en la helada despedida/ danzan una última bocanada de luna”.


Voces en las ventanas,
de Moris Spivacow (Alción)

Abuela: “Incienso/ escapulario/ vaga en el aire de la iglesia/ campanada viuda/ de rosarios adustos/ y pañuelos negros./ María/ abuela de oraciones/ ayunos y promesas/ gallega hasta la médula/ terrón de luz el de tus manos/ crucifijo/ de ortigas y sermones/ de Pascuas bulliciosas/ parsimoniosa costurera/ ensalmo/ en los ojos de un chico/ que entre tus rezos juega”.


Pisada,
de Roberto Aguirre Molina (ed. UNL)

Eco lógico: “Cantando vive sin mirar/ forma/ ninguna/ nube/ solitaria el viento amolda/ en su cuenco/ terreno/ de los pájaros, ramas/ sin árboles en la lluvia”
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