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RODOLFO
GODINO
Nació en la Pcia. de Córdoba en 1936. Publicó
El Visitante (1961); Una posibilidad, un reino (1964); La mirada
presente (1972); Homenajes (1976); Gran cerco de sombras (1982);
A la Memoria Imparcial (1994; este poemario obtuvo por unanimidad
el Primer Premio La Nación 1994 con un jurado compuesto
por Octavio Paz, Roberto Juarroz, Ángel Mazzei y Jorge
Cruz ) y Centón (1997). Los 4 primeros poemas de esta breve
selección son inéditos. Domingo pertenece al poemario
“A la Memoria Imparcial”
Volviendo
por tierra a Buenos Aires
La
lechuza joven
ahora sobrevuela los bajos al ras del pasto nuevo.
Hace más de diez años que el rocío
cae sin distinguir
entre cuerpos y ausentes.
Haz
que regrese sin memoria.
¿Serán
llamados por sus nombres todos
los que permanecen ocultos?
¿Quiénes adivinarán
- empapadas en la arcilla
o profundas en el granito del país-
las lenguas descamadas en la destrucción?
-Esos,
tan jóvenes, guardados como Telémaco
por la matrona ojizarca,
ellos ahogarán el sistema para que no vuelva
a girar: brotes, aprendices
marcados por ánimas
o cabezas para siempre dormidas.
Aun
conociendo tu espíritu vuelvo,
campo de oscuros enterramientos:
a la edad en que los lagrimales
descargan juicios fundados,
fui sujeto a tu necrosis.
Acéptame
como a un hijo ciego.
Haz
que regrese sin memoria,
país nacido en Cáncer.
Al
abandonar la costa
Mar
desparramado
en espesores variables, siempre
a la misma distancia y uno con el cielo,
algo ha cambiado en mi alma:
el lanzamiento de una severa
asimilación a las zonas lacustres,
a las aguas limitadas por juncales
y racimos de huevos rosados.
Quería
que supieras
que el cerco de luz y agua dulce
pone en medidas reales
el paso que finaliza. No lo distrae:
consuela con otra dignidad y gracia
la injusta, temprana contracción de la muerte.
Angor
El
colmillo se hundió y la bestia
retrocede, arrastra sobre la alfombra
un bulto con el mentón unido al pecho,
las rodillas al mentón y el peso invisible
de un vómito de fuego
buscando salida en los silbidos arteriales,
aire de infierno lanzado hacia el final.
Mater,
disuélvelo, guía al castigo
lejos del músculo gastado por la ira,
sacude el terror, que caiga, se deslice,
escape por las uñas,
fustigado lleve sus muecas
a otro violento también mortal:
acéptame a la sombra de tu vestido,
a la luz de tus estrellas.
Verso,
fragmento, poema
Al muro se apoyaron, en la sombra
Arquíloco
Es posible que en instantes
o pausas de entera conciencia,
hechos que fuera de la ventana
cruzan la realidad hacia el mito,
puedan ser encerrados en un verso.
Lo
es también que aparezcan
como fragmentos a quien muele en la noche:
restos de padres cumplidos,
dioses auxiliares
o ánimas despiertas.
Es posible.
Y probable que alguno nazca
sin más, poema, trabada complexión
cuyas proposiciones se extienden
más lejos que sus palabras.
Firmes,
atentos, todos encontrarán
motivos en el paisaje:
aquí el verso, fragmento, poema,
que retiene a los amantes de Paros
armando su leyenda,
haciendo vida, enviándola
a nuestro torvo milenio.
No importa quién miraba, en este caso
Arquíloco, triste pretendiente.
Domingo
Ella,
madre furtiva,
libera el día de su clan
y él expulsa del cuadro
nubes y susurros.
Han
plantado un árbol
lanzando el tronco débil
-las hojas tenues,
verde y ocre aclarados por el miedo-,
por un agujero húmedo
hacia el futuro abierto.
Lo
han regado:
los cuerpos atentos,
de espaldas al soplo de la noche.
HUGO MUJICA
Nació en Buenos Aires en 1942.Algunas de sus obras publicadas
son: Brasa Blanca (1983), Responsoriales (prólogo de Humberto
Díaz Casanueva), Escrito en un reflejo (1987), Solemne
y mesurado (1990), Para albergar una ausencia (1995 , España),
La palabra inicial (1996, España), Flecha en la niebla
(1997, España).
Los poemas que se publican son inéditos y forman parte
del próximo poemario que publicará en España
la editorial Pre-Textos y que se denomina Noche abierta.
Cada hombre
cada
hombre y yo:
caña
seca
en la que se surca
el viento para retomar su cauce,
como
si nada hubiese pasado
salvo
el abrirse de
una ausencia,
un surco entre mi paso y el pasado
entre mi vida y cada vida.
A
veces la vida
a
veces
nos miramos en silencio
la
vida y yo.
A
veces duele, duele
blanca,
lenta
se
hunde en la carne
como una botella vacía se hunde en el
estanque
que la va llenando.
a
veces, en silencio, llora
y algo sagrado brilla en el mundo,
en silencio, reverbera en las palabras.
Trazos
la
luna traza treguas en las noches,
bordes
entre una sombra y otra sombra,
bajo
su luz, un perro
apedreado
sangra un reguero,
traza una profecía.
abajo,
o dentro de la noche
un ciego camina
leyendo
con sus manos el vacío en cada grieta,
palabra
a palabra
avanza hacia el final, vacío a vacío
descifra todo destino.
LUIS FRANCISCO HOULIN
Nació en Venado Tuerto, Santa Fe, en 1944.
Los poemas que publicamos pertenecen a su libro aún inédito
Sacro que editará próximamente editorial Catálogo.
qué
bruma aciaga
nimbó
tu desnudez marchita
con luz acuosa
donde tantas flores
duermen
al aliento hirviente
de dos
fundidos en el deseo
ajenos
al oropel de ausencias
la memoria
salva
lo que puede
.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
allí
desnudas tu intemperie
paria
con abolengo arbóreo
guerrero
de suma claridad
y espada en verbo
quién congeló mi corazón
.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
orillas
infernal espera
acto de amor
furia
ladrona de olvido
pan
para los muertos
.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
contigo
la música lejana
áurea
mansa
inevitable
sobre tus días
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